Barrio de Palermo, Capital Federal, Buenos Aires
Barsamian Evangelina | Braga Beatove Ricardo
2006
algunas imágenes
Memoria Descriptiva
Este espacio urbano fue pensado como un ser con cuerpo y
alma, sensaciones que modifican el espíritu, con una materialidad que es el
muro en proceso.
La idea esencial es crear una interfase de distintas pieles:
capas que muestran quién soy, cada uno de los estados, dermis, mantos, átomos
de los poros, tejido: la piel humana, la piel vestimenta y la que envuelve más
allá del placer: la arquitectónica. Una arquitectura etérea, abstracta
desmaterializando la muralla, como elemento poroso, que respira, serenándolo con
el sentido de fortalecer al sujeto aliviando la arquitectura. Existe entonces
una analogía de algo que se va sucediendo de a poco: el piso como un zona
intermedia entre lo humano y la tierra, estar adentro y estar afuera del local,
acción directa de estar adentro del mundo, entrar al local y adquirir el
producto. Este concepto es el de un área para uno, un espacio que evidencia,
identifica, como solo una marca determinada logra hacerlo.
Tomamos la sensación del pie como base de todo, necesidad de
reflejo de carácter, fuerza y desarrollo de la energía. Energía como átomos y
síntesis.
En este sentido, el objetivo sería atreverse a ser por la
proximidad del que mira y la necesidad, las ganas de estar a través de un frente
que integre capas exteriores que se incorporan, a través de una fuerza, de una
línea cargada de intensidad eléctrica que altera y alterna. Amortiguando la
entrada así como lo hace la zapatilla, representando al usuario.
El espíritu conecta con dos realidades que contemplo
enérgico y el concepto de proteger y ser protegido. Entonces, habría un por
delante y por detrás de la palabra que nos acerca al otro. El sujeto se aloja
en esa coraza que deja abierto el tejido de las pieles que me estructuran y me desestructuran
para aprender. Disfrutar la iniciativa de una fachada que llama a la reflexión
de optar acceder al local. Elegir en este momento, en todo momento, en su
momento, ahora.
Si las sombras que enmarcan no dejan de ser sombras que
rescatan cada una de las partes homogéneas físicamente separables en un sistema
formado por uno o varios componentes. Así, el adentro que envuelve. La
sensación clara de recorrido sin haber entrado.
Por eso, no importa lo que se dice sino lo que se siente: el
cielo en la tierra. Colgarse de la suavidad como una semejanza que nos eleva.
Así es como nos atrevemos a representar en grises barras que
convoquen al paralelismo vertical que ofrece el producto, modificando
preconceptos de los distintos niveles jerárquicos: aceptar que el desafió es
todo o nada: permitirse entrar y descubrir sensaciones semejantes: no importa
donde se pise, la zapatilla acompaña la pisada y hace del horizonte una línea
integradora, no hay limites, cielo y tierra se difunden.
El uso de un material menos volátil, más tangible que
permita la posibilidad de integrar noche y día queriendo tener aquello que es
nuevo y nos comienza a atrapar, mediante la aplicación de barras de acero de construcción
de diferentes diámetros y texturas, ya sean ranuradas o lisas. Todas estas en
conjunto armando una trama lógica y abierta adjunta al muro mediante la
estructura que compone el mismo sistema en sentido opuesto.
Esta idea de armado junto a la tecnología aplicada sugiere
un rápido armando y desmonte permitiendo jugar con el ritmo del diseño: finas líneas
agrupadas formando una masa ligera, cual nube en el cielo.
A manera de descomposición, el muro “pierde” materia
haciendo salir la red en diversas capas de distintos espesores, siguiendo la condición:
cuanto mas alejado del muro, mas fina es la barra de acero y la percepción de
la misma.
Junto a las capas más gruesas por detrás, se adhieren barras
de neon blanco que permite no solo recrear el lenguaje sutil de la marca de
reproducir aire en la pisada, sino de la velocidad y fortaleza que la misma
representa.





